Traducido por Pavla Křtitelova
Lluís Lleó (1962, España) viene de una familia de pintores. Su bisabuelo, Joan, era un pintor decorativo cuya especialidad eran los techos de las casas antiguas de Barcelona. Su abuelo, Lluís, fue un pintor de acuarelas que diseñaba anuncios y carteles, entre ellos algunos muy efectivos de propaganda para el bando republicano durante la Guerra Civil. Su padre, Joan Lleó, que todavía está vivo y trabajando, es un pintor cuya obra está a caballo entre la abstracción y la figuración,un rasgo que legó a su hijo.
Criado en tal entorno artícstico, Lluís pronto despertó interés por los frescos medievales de las iglesias rurales catalanas. Tras estudiar la arquitectura del Renacimiento y el arte del fresco, se dedicó a la pintura de manera autodidacta, y luego a la escultura aunque sus ideas siempre tienden a ser expresadas mediante el dibujo.

Lluís recuerda cómo su padre, que se ganaba la vida principalmente como profesor en la Escuela de Bellas Artes, se sentó para hablar de su educación artística:"Me dijo: 'Lluís, si no sabes cómo pintar ya a tu edad (tenía entonces 18) nunca vas a aprender." Siempre estaba muy frustrado con sus alumnos. Llegarían a los 18 años y no sabrían nada de pintura. Él creía que debían saber mucho entonces o de lo contrario no tenía sentido tratar de ser artista ".
Lluís tiene 50 años y casi toda su vida ha vivido en Barcelona pero desde 1989 vive y trabaja en Nueva York. "Creo realmente llegar a Nueva York fue mi comienzo como pintor profesional", él piensa ahoras - un sentimiento común entre los artistas que, a principios de su carrera, dejan sus provincias para ir a Nueva York. No importa la cantidad de energía que una ciudad invierta en cultura, siempre hay un sentimiento de desigualdad, no tan grave como lo que solía ser en el siglo XVII Roma, XIX París o Nueva York en 1960, pero aún perceptible por cualquier artista extranjero.
¿Qué hay en sus cuadros? Ellos son, de una manera general, abstractos. Es decir, no vamos a ver objetos tal y como los vemos en la realidad. Un muro, una figura, una piedra.. pero que no parecen cosas de este mundo. Su obra es delicada y efímera aparentemente, pero a la vez intensamente concreta y con una fuerte carga psicológica.
(Texto extraido del ensayo de Joanna Kleinnberg, Ayudante del Comisario del Centro de Pintura y Robert Hughes, crítico de arte, escritor y creador de documentales televisivos)


